Al final, la ambición desmedida tiene una debilidad fatal:
es estéril. Puede acumular oro, puede levantar muros y puede silenciar voces
por un tiempo, pero no puede crear nada que permanezca en el corazón de la
gente.
Los que destrozaron a
Venezuela pensando que se quedaban con todo, en realidad se quedaron con un
cascarón vacío, porque la esencia del País su gente, su ingenio y su fuerza, se
fue con nosotros o se resguardó en lo más profundo de quienes resisten adentro.
Mi fortaleza, esa que hoy reconozco y abrazo, es mi
verdadera patria. Si me hicieron rodar como "la moneda falsa", fue
para que yo descubriera que mi valor no dependía del cuño de un gobierno
corrupto, sino del metal de mi propia alma.
Hoy entiendo que el
regreso no es necesariamente un sello en un pasaporte; el regreso comienza
cuando decidimos que la ambición de otros no definirá nuestra alegría ni
nuestro futuro.
Venceremos a esa ambición desmedida cada vez que
prosperemos en el destierro, cada vez que ayudemos a quien se quedó y cada vez
que contemos nuestra historia sin miedo.
Porque aunque nos
hayan marcado con el golpe del abandono, seguimos siendo la moneda que, al caer
al suelo, suena a verdad. Somos el testimonio de que el fuego de la codicia
pudo quemar el campo, pero no pudo calcinar la semilla. Nuestra historia apenas
comienza, y esta vez,
nosotros tenemos la
pluma.
Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.
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