No solo el acero brillaba en el
monte,
ni solo el deseo de ver la heredad;
había una plegaria en el horizonte,
buscando en el cielo la santa
equidad.
En el sombrero de paja, una estampa
bendita,
la Virgen Morena guardando el camino;
porque el alma del pueblo, si sufre y
milita,
pone en manos de Dios su amargo
destino.
Eran hombres de fe, de rosario y
calzón,
que antes del fuego buscaban el rezo;
poniendo la vida y el corazón,
en el nombre del Padre, con un fiel
embreso.
Si la tierra es regalo del Sumo
Creador,
¿por qué el amo la roba con mano de
hierro?
Fue esa duda la chispa, fue ese
dolor,
lo que hizo del campo un sagrado
destierro.
Zapata, el caudillo, de negro
vestir,
sabía que el pueblo no lucha sin
guía;
que para morir y para vivir,
hace falta la fe como luz del
mediodía.
Obra Poética Registrada.
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