Inquieta penumbra que arrulla el silencio,
bajo el manto de un cielo estrellado, sonríes,
y el amor en su delirio, anhela un beso
tras el frío del cristal.
¡Oh, quién fuera destello para alcanzarte!
o galerna que te empuje hasta mi puerto,
beber en cada intento
tu cálido aliento...
pues ni el vendaval podrá marchitar este afecto.
Noche, luna y calma: ¡latido puro!
Hoy en la umbría de la ribera brotan nardos,
y en mi pecho, la
gracia de este bienaventurado amor,
mientras el ocaso trina a dúo con el gorrión.
Se vuelve líquida la noche al ver que la luna
duerme y se mece,
plácida, en su cuna de nubes,
queda en mi boca un resabio amargo:
¡la envidia de aquel que tus labios toque!
Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.
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