Hábito y reconozco tu dulce sentir,
ese amor inmenso, tantas veces soñado;
al fin mi existencia logra recibir
aquello que el tiempo me había negado.
Te siento en mi pecho vibrar y latir,
fundido en mi alma, borrando el pasado;
trajiste a mi vida la calma y la dicha,
¡gracias, amor, por haberte entregado!
Bendito el instante en que viniste a mí,
sueño cumplido que al fin he alcanzado.
¡Qué plenitud la de estar a tu lado
desde aquel día en que te conocí!
Dos voluntades que se han enlazado,
corazón, alma y pensamiento;
este amor puro, que va en incremento,
es nuestro tesoro más
noble y sagrado.
Dueño de mi alma, señor admirable,
luz de mis días y mi compañía,
tu esencia es dulce, tu paz inigualable,
tú eres la causa de
mi alegría.
Nuestro destino de dicha está bordado,
teniendo tu afecto, nada nos falta;
tú y yo al amor nos debemos,
almas gemelas que el cielo ha
encontrado.
Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.
@copyright.

No hay comentarios:
Publicar un comentario