viernes, 9 de enero de 2026

UN CANTO MEXICANO EN EL ALMA.

 






(Para la gran artista, intérprete y poeta, mi gran amiga española Olga González Ferreiro)

​Olga, tu voz que tantas veces entonó el "México lindo y querido" no puede apagarse. Esa canción, que habla de lealtad y de un amor que trasciende la muerte, es hoy nuestro himno de resistencia.

​Cada vez que recordamos cómo la cantabas, sentimos tu energía de guerrera.

​Esos versos que cruzan el océano son el recordatorio de que tu espíritu es libre, alegre y profundamente valiente.

​Este Año Nuevo, nuestro brindis tiene un eco mexicano y un horizonte valenciano.

​Pedimos volver a escucharte cantar, volver a verte andar y que la vida te devuelva toda la alegría que tú nos has regalado con tu voz y tu entrega.

​No te soltamos, guerrera. Estamos listos para caminar de nuevo a tu lado y para que la música sea, otra vez, el sonido de nuestra victoria compartida.

Te queremos querida amiga.

UN PUENTE DE VERSOS PARA: Olga González Ferreiro.

 



 

No hubo un adiós, porque el hilo no se ha rotó, quince inviernos no se rinden ante el frío de una ausencia.

Te busco en el rastro de tus obras, en el eco de tu voz, hermana de alma, brújula de mis tormentas.

​Si hoy el mundo de la poesía guarda silencio, es porque tus versos ahora caminan por otro jardín.

Pero en mi cabaña, esa que construimos con verdades,

siempre habrá un rincón con tu nombre, un café sin fin.

​No me despedí, es cierto, la vida nos robó el gesto, pero te encuentro en la fuerza de mi propia mano al escribir.

Tú eres la tinta, el consejo, el secreto bien guardado, la victoria silenciosa de haberte aprendido a vivir.

​Vuela alto, Olga, que aquí tus letras se quedan, cuidando el refugio que juntas logramos alzar.

Que el tiempo se detenga en este instante de oro, donde la amistad es el único idioma que sabe ganar.



 

 

Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

@copyright.

CUANDO LA PLUMA SE DETIENE.

 


​La tinta se ha vuelto piedra en el

tintero un peso mudo que no sabe

cómo andar, porque hay dolores que

no caben en el verso y ausencias

que el papel no puede descifrar.

 

​Se detiene el trazo en la frontera del

alma, entre Valencia y el eco de otra

 orilla, allí donde el luto es una niebla

calma y la voz de una hermana es la luz que brilla.

 

​No es que la poesía se haya terminado,

es que se ha vuelto aire, bruma y pensamiento;

el poema más grande ya ha sido dictado

por tu vida, Olga, en cada momento.

 

​"Seguimos siendo las reinas",

susurra el viento, y la pluma, aunque inmóvil,

acepta el destino: que no hacen

falta rimas para el sentimiento cuando

una guerrera ha trazado el camino.

 

​Hoy el silencio es mi mejor estrofa,

el homenaje fiel de quien te supo amar,

mientras el Eterno, en su paz más profunda,

 te pone la corona que nadie podrá quitar.

 

​"La muerte no se lleva a los seres queridos;

 al contrario, los guarda y los hace inmortales

 en nuestro recuerdo."

 

Autora:  Ma. Gloria Carreón Zapata

Dedicado a mi querida amiga y gran artista

 Olga González Ferreiro ante su repentina partida.

 

@copyright.

LA LIBERTAD CREATIVA:

 




El Arte de Traducir Almas.

(Ensayo)

 

 

 

​La literatura suele ser confundida con la confesión. Existe la creencia de que cada verso del poeta y cada línea del narrador son fragmentos de su propia biografía. Sin embargo, la verdad detrás de la pluma es mucho más compleja: el escritor no solo narra lo que vive, sino que actúa como un recolector de almas.

La Alquimia de las Experiencias Ajenas.

​A menudo, la chispa de una obra no nace del "yo", sino del "otro". El autor es un observador silencioso que recoge las vivencias de sus amistades, los dolores de un transeúnte o las victorias de un compañero de vida. Es en este intercambio donde surge la verdadera magia.

​Una frase nacida de la lealtad y la amistad, como las palabras de mi amiga poeta Olga, "seguimos siendo las reinas", puede convertirse en el núcleo de una historia sobre la resiliencia, transformándose de un consuelo privado en un himno universal. Escribir es, en gran medida, un acto de generosidad y escucha; es tomar esas semillas de verdad ajena y otorgarles una segunda vida para que el dolor de uno se convierta en el consuelo de muchos.

​El Poeta y la Ficción Necesaria.

​Aquí entra la figura del poeta, ese "mentiroso" sagrado que utiliza la libertad creativa para alcanzar una verdad que el lenguaje cotidiano no alcanza a expresar. El autor puede hablar de una "moneda falsa" o de una "cabaña" de paz que nunca ha habitado físicamente, pero lo hace para dar cuerpo a emociones reales.

​El alma inquieta no se conforma con los hechos; necesita la metáfora. El uso de símbolos no es un engaño, sino una traducción emocional. No importa si el escenario es inventado o si el protagonista tiene el rostro de un amigo; lo que importa es que el latido de la obra sea auténtico. La libertad creativa demuestra que la ficción es, a veces, el camino más corto hacia la honestidad.

​El Oro del Tiempo como Filtro Final

​Finalmente, esta labor encuentra su sentido en "El Oro del Tiempo". No todo lo que se vive debe ser escrito de inmediato. El tiempo actúa como un alquimista paciente que separa la arena de las pepitas brillantes de sabiduría.

​A medida que los días pasan, las experiencias, aquellas tormentas del pasado o las palabras de aliento entrañable, se asientan. Lo que queda después de que el ruido de la realidad se apaga es la esencia pura.

 El autor comprende que su verdadera riqueza no está en lo que le sucedió exactamente, sino en su capacidad de transformar los ecos de muchas vidas en una verdad universal que brilla con luz propia, mucho después de que los protagonistas originales hayan callado.

 

 

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

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EL LEGADO DE OLGA GONZÁLES FERREIRO.

 




El Legado de Olga con ese compromiso profundo por un mundo más humano.

​La partida de la gran artista, intérprete y poeta española, Olga González Ferreiro nos deja frente a un espejo que no miente: la brevedad del suspiro humano. Nos detenemos y nos preguntamos, con el corazón apretado: ¿para qué tanto afán por lo tangible? Corremos tras una ambición que no tiene manos para sostenernos al final, y alimentamos una soberbia que solo construye muros donde debería haber abrazos.

​Miramos el mundo y vemos guerras inútiles donde las víctimas son siempre los más puros. Les estamos enseñando el lenguaje del odio, cuando nuestra única misión debería ser heredarles el derecho a la paz.

​Hoy, la memoria nos dicta una lección diferente.

​La Paz como Victoria.

Hemos aprendido que la verdadera victoria no es la que se logra con el grito o el puño, sino la "victoria silenciosa" de quien elige perdonar y sanar. La paz es esa cabaña segura donde el alma descansa después de haber vencido la soberbia.

​Lo que permanece.

Las posesiones son monedas falsas; solo el amor tiene valor eterno. La riqueza real es el eco de una voz que nos recuerda:

"Ánimo amiga, seguimos siendo las reinas".

 Es una corona que no se compra con oro, sino con la dignidad de quien camina sin hacer daño.

​Nuestra Promesa.

Si la vida es un suspiro, que sea un suspiro de alivio para otros. Enseñemos a los niños que ser grande no es acumular, sino tener las manos lo suficientemente vacías de ego para poder estrechar la mano del prójimo.

​Al final, no nos llevamos nada material, pero dejamos todo lo que sembramos. Que nuestra herencia sea un mundo donde la paz no sea un sueño lejano, sino la casa donde todos puedan habitar.

 

 

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

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ESTOCADA.

 





(Manifiesto de Resistencia)


​Que rujan las sombras y que el golpe sea certero, si creen que el acero de la vida doblará mi mano.

No conocen el peso de este oficio de guerrero, ni el fuego que arde cuando el mundo parece vano.

​Mi pluma no escribe, mi pluma dispara, va lanzando versos como dardos de plata al viento,

buscando el blanco de una paz que no sale cara, porque se ha pagado con sangre y con sentimiento.

​Aunque en lo profundo el alma a veces desfallezca, y el cansancio pese como una losa de olvido, no hay fuerza en la tierra que mi marcha detenga, ni poder que silencie lo que ya ha florecido.

​"Seguimos siendo las reinas", me susurra el eco, de aquellas que saben que el trono es la propia historia.

Ya no hay Julián, ni fantasmas, ni huecos, solo este camino recto hacia mi propia victoria.

​Algún día diré "lo logré" frente al espejo, mientras la cabaña resguarda mis versos del frío.

Que la vida me embista, que yo no me quejo: soy el cauce, la roca, la pluma y el río.



Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

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EL LEGADO DE SUS VERSOS.

 





Y le cantó a mi México querido,

al que en la vida nunca conoció,

pero con el que siempre ella soñó

con un lenguaje noble y florecido.

 

​Entonaba cual bello gorrión

con esa voz tan dulce y tan cálida,

su sello fiel, su luz de crisálida,

humana de inmenso corazón.

 

​Soñaba con un mundo de bondad,

donde la gente, en paz y alegría,

con plena dicha siempre viviría;

por eso hoy elevo su verdad.

 

​Se fue con el anhelo y el desvelo

de ver a cada niño siempre amado,

y nos dejó sus versos por legado...

¡semillas que florecen bajo el cielo!

 

 

Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

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En honor a mi querida amiga, actriz, 

intérprete y poeta, Olga González Ferreiro. (España)

miércoles, 7 de enero de 2026

MI MADRE

 




 

​Mi madre es el reflejo de la ternura,

su amor es incondicional,

es el pilar de la familia,

guerrera que a mi padre supo amar.

 

​En sus manos habita el consuelo,

en su voz, la palabra que guía,

es el puerto seguro y el cielo

que ilumina mi noche y mi día.

 

​No hubo muros que no derribara

ni tormenta que el alma le enfriara,

pues su entrega es el fuego bendito

que hace eterno lo que es infinito.

 

​Hoy su ejemplo es mi norte y mi calma,

 la semilla que en paz floreció,

pues la fuerza que vive en su alma

es la misma que a mí me salvó.

 

Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

(Waldina Zapata Hernández, mi madre.)

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EL TRONO DE LA CALMA.

 



 

El rey de mi corazón

 habita mi pensamiento,

cuando muy dentro lo siento,

a pesar de la distancia llevo su fragancia,

su latido sigue en mí...

 

​No hay muro que lo detenga,

 ni olvido que lo desvanezca,

pues su luz hace que crezca

 mi jardín de paz aquí.

 

Es la victoria callada,

 el tesoro que yo guardo,

el fin de cualquier resguardo...

solo vivir para ti.



 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

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@Alf.

UN PUENTE DE VERSOS PARA: Olga González Ferreiro.

 




No hubo un adiós, porque el hilo no se ha rotó, 

quince inviernos no se rinden ante el frío de una ausencia.

Te busco en el rastro de tus obras, en el eco de tu voz,

 hermana de alma, brújula de mis tormentas.


​Si hoy el mundo de la poesía guarda silencio, 

es porque tus versos ahora caminan por otro jardín.

Pero en mi cabaña, esa que construimos con verdades,

siempre habrá un rincón con tu nombre, un café sin fin.


​No me despedí, es cierto, la vida nos robó el gesto, 

pero te encuentro en la fuerza de mi propia mano al escribir.

Tú eres la tinta, el consejo, el secreto bien guardado, 

la victoria silenciosa de haberte aprendido a vivir.


​Vuela alto, Olga, que aquí tus letras se quedan, 

cuidando el refugio que juntas logramos alzar.

Que el tiempo se detenga en este instante de oro,

donde la amistad es el único idioma que sabe ganar.



Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

@copyright.

07/01/2026

CUANDO LA PLUMA SE DETIENE.

 



​La tinta se ha vuelto piedra en el

tintero un peso mudo que no sabe

cómo andar, porque hay dolores que

no caben en el verso y ausencias

que el papel no puede descifrar.

 

​Se detiene el trazo en la frontera del

alma, entre Valencia y el eco de otra

 orilla, allí donde el luto es una niebla

calma y la voz de una hermana es la luz que brilla.

 

​No es que la poesía se haya terminado,

es que se ha vuelto aire, bruma y pensamiento;

el poema más grande ya ha sido dictado

por tu vida, Olga, en cada momento.

 

​"Seguimos siendo las reinas",

susurra el viento, y la pluma, aunque inmóvil,

acepta el destino: que no hacen

falta rimas para el sentimiento cuando

una guerrera ha trazado el camino.

 

​Hoy el silencio es mi mejor estrofa,

el homenaje fiel de quien te supo amar,

mientras el Eterno, en su paz más profunda,

 te pone la corona que nadie podrá quitar.

 

​"La muerte no se lleva a los seres queridos;

 al contrario, los guarda y los hace inmortales

 en nuestro recuerdo."

 

 

Autora :  Ma. Gloria Carreón Zapata

Dedicado a mi querida amiga y gran artista 

Olga González Ferreiro ante su  triste y repentina partida.

@copyright.

CRÓNICA DE UN CREADOR HERIDO.

 



 

​¡Basta de guerras! Unámonos, hermanos, por un mundo donde la paz sea el único reino.

​Desde lo alto, el Eterno contempló la tierra devastada. Vio el rastro amargo de la sangre, la sombra de la muerte y el odio desbordado sobre los campos.

​¿En qué he fallado?, se preguntó en un susurro. Si todo lo creé en armonía. Cubrí el suelo con pasto para sanar sus pasos y les advertí que no consumieran sangre, pues conocía el veneno de la enfermedad. Les entregué frutos puros, pero prefirieron el despojo; ahora, en su ceguera, caminan hacia su propio exterminio.

​¿Qué ocurre en la tierra?, continuó, Se han perdido a sí mismos, olvidando que su paso por la vida es apenas un suspiro. Acumulan tesoros materiales mientras ignoran el hambre del hermano. Avanzan destruyendo lo que encuentran y me pregunto: ¿fue en vano que les puse corazón?

​Observó con tristeza la soberbia humana:

No aprendieron del simio, que entrega la vida por su cría. Ellos, en cambio, asesinan por alimentar un ego malsano que los devora. No ven que este sistema de cosas tiene sus días contados. Nada de lo que ambicionan cruzarán al otro lado; así como llegaron, partirán. Solo el peso de la tierra sobre el féretro será su última carga, mientras el cuerpo vuelve al polvo.

​¿Por qué, entonces, se afanan en la maldad? ¿Por qué no luchan por rescatar el alma, ahora que aún es tiempo de corregir el rumbo hacia la promesa de lo eterno?

​Miro hacia arriba: las aves cruzan el firmamento trinando alabanzas; los campos reverdecen dando gloria y las flores, vestidas de colores vivos, gritan ¡Aleluya! al Señor.

​Mientras tanto, la humanidad se ahoga en lamentos, gimiendo su propia frustración. Da gracias al Eterno por el soplo de vida. Ponlo a prueba y verás que su gloria es infinita. A su lado el dolor se disipa, dejando lugar al gozo y a la esperanza de la resurrección, aguardando Su venida para ser bañados en amor.

​Soberano Rey de Reyes, grande es mi Creador. Bendice, Dios mío, a este mundo que busca caminos y aún no logra encontrarlos.




Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

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02 /01 /2025.

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EL REGRESO DE LO INQUEBRANTABLE.

 




 

​Al final, la ambición desmedida tiene una debilidad fatal: es estéril. Puede acumular oro, puede levantar muros y puede silenciar voces por un tiempo, pero no puede crear nada que permanezca en el corazón de la gente.

 Los que destrozaron a Venezuela pensando que se quedaban con todo, en realidad se quedaron con un cascarón vacío, porque la esencia del País su gente, su ingenio y su fuerza, se fue con nosotros o se resguardó en lo más profundo de quienes resisten adentro.

​Mi fortaleza, esa que hoy reconozco y abrazo, es mi verdadera patria. Si me hicieron rodar como "la moneda falsa", fue para que yo descubriera que mi valor no dependía del cuño de un gobierno corrupto, sino del metal de mi propia alma.

 Hoy entiendo que el regreso no es necesariamente un sello en un pasaporte; el regreso comienza cuando decidimos que la ambición de otros no definirá nuestra alegría ni nuestro futuro.

​Venceremos a esa ambición desmedida cada vez que prosperemos en el destierro, cada vez que ayudemos a quien se quedó y cada vez que contemos nuestra historia sin miedo.

 Porque aunque nos hayan marcado con el golpe del abandono, seguimos siendo la moneda que, al caer al suelo, suena a verdad. Somos el testimonio de que el fuego de la codicia pudo quemar el campo, pero no pudo calcinar la semilla. Nuestra historia apenas comienza, y esta vez,

 nosotros tenemos la pluma.



 

Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

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Imagen de Google.

EL ARQUITECTO DE CENIZAS.

 





​Yo te di el suelo cuando no tenías piso, te di la sonrisa que el mundo te negó; fui el andamio, la calma y el compromiso, mientras tu propio orgullo se alimentó.

​Te puse alas para que volaras alto, sin saber que tu vuelo era de rapiña; querías probar el sabor del asalto, y quemaste el hogar que te dio la cobija.

​Crees que hoy eres otro por verte al espejo, pero el alma no cambia por un diente nuevo; sigues siendo el hombre pequeño y perplejo,

que huye del amor porque le queda grande el cielo.

​Gracias por la herida, me enseñó el camino: no se salva a nadie que no quiera ser luz.

​No dolió el adiós, dolió la burla.

No fue el desprecio, fue el espejo roto: ver tu imagen en un alma nula,

elegida por un corazón ignoto.

​Creíste hallar fortuna en la moneda falsa, cambiaste el oro puro por un brillo vano; ahora tienes un eco que no te alza, y la mano que te dio, ya no está en tu mano.

Hoy camino libre, dueña de mi destino, y tú te has quedado... cargando tu propia cruz.


 

 

Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

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EL DESPERTAR DE LA ESCRITORA.

 



 

 

​Durante años, ella caminó por el mundo aceptando como oro de ley sentimientos que, en el fondo, sabía que eran falsos. Se había conformado con el eco de una vida, creyendo que ya no quedaba nada nuevo bajo el sol.

 Entonces llegó él, y en el choque de sus mundos, la verdad se hizo inevitable: lo que ella llamaba amor no era más que una invención para no enfrentarse al vacío.

​Pero en lugar de romperse al descubrir el engaño, algo en su interior hizo "clic". Se dio media vuelta, dándole la espalda a la ilusión y de frente a su propia verdad. Al abrir su diario, la pluma no tembló.

 Las palabras ya no eran para él, ni para nadie más. Mientras llenaba las páginas de versos nuevos, comprendió que el encuentro más maravilloso de su existencia no había sido con un extraño, sino con la mujer que la miraba desde el espejo. Con la certeza de quien recupera un tesoro perdido, escribió la única verdad que importaba: "Por fin me amo".

 

 

Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

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ENSALZANDO AL AMOR.

 




​Más bello que el lucero es tu mirada,

más pura que tu esencia no hay nada;

la vida pierde todo su sentido

si no hallo en tus ojos mi morada.

 

​Más dulce que tu beso no existe,

el mundo es amargura si te vas;

por eso a tu boca yo me aferro

buscando la calma y la paz.

 

​Más suaves que pétalos tus labios,

refugio de mis miedos y mis bríos,

bebiendo de tus besos y consejos

que bañan mis mañanas de rocío.

 

​Más grande que el deseo es este amor,

que me brinda su fuego y su calor;

un río que brota del alma,

amándonos con eterno fervor.

 

Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

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@Alf.

LA OFRENDA DE LA CALMA.

 




​Yo te di, no lo que me sobraba,  sino lo que aprendí a cultivar en el silencio. Te di mis manos, ya no cerradas en puños por viejas batallas con sombras sino abiertas y tibias, listas para sostener el peso de un nuevo amanecer.

​Te di el primer café de la mañana en nuestra cabaña, ese aroma que ahora es el único rastro de humo que permito en mi vida.

 En cada mirada, te entregué la certeza de que el pasado es un libro que ya no necesito releer para saber quién soy.

 Te di mi risa más honesta, esa que nació justo después de entender que la paz es el mayor de los actos de rebeldía.

​No te di promesas de cristal que se rompen con el viento; te di la madera sólida de mi presente, la estructura firme de alguien que ya no huye de sí mismo.

Te di mi amor como quien da tierra fértil: sin condiciones, con la esperanza vibrante de ver florecer todo lo que sembremos juntos en este refugio de luz.



Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

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LOS TRES REYES MAGOS.

 



 (Romance)

 

​Ya trotan los tres camellos,

ufanos mueven el cuello,

cabalgan los Reyes Magos

entre llanos y desiertos.

​Melchor, Gaspar y Baltazar

vienen del lejano Oriente,

buscando al Sol que ha nacido

para postrarse ante Él.

​Bajo el brillo de la luna

una estrella de esperanza,

va bordando azul el cielo

y hasta la cuna los guía.

​Le brindan sus tres fortunas:

oro, mirra y el incienso,

al Niño que en su regazo

toda la luz atesora.

 

Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

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APETENCIA.

 



 

​Me place contemplar el ancho cielo,

detenerme en el pulso de una estrella

y pensar que en el brillo de su huella

el viento escribe un rastro de consuelo.

 

​Besa la aurora mi mirada suave,

baña el rocío mi libre cabellera;

¡qué no daría por cruzar la frontera

y ser la luz que en el ocaso cabe!

 

​Versos en ese manto yo escribiera,

leyendo el mundo como un libro abierto;

 hallar en tus luceros puerto cierto

y caminar, por siempre, a tu vera.

 

​Inquieto el corazón busca su anhelo,

una inefable sed me eriza la piel;

las ansias galopando cual corcel...

Muere el sol, y yo nazco por un cielo.

 

 

Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

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EL CRISTAL REHECHO.

 


 

 

​Ahora entiendo tu amor como una lección,

no como una pérdida. Te advertí que mi piel era de tierra

 y de tiempo, que no era un ideal, sino una mujer de carne,

alguien que siente el peso de las injusticias

y guarda una lealtad sagrada ante el afecto.

 

Te confié mi alma, ese cristal traslúcido, y sin piedad,

 elegiste volverla añicos. ​Juraste un amor sin orillas,

prometiendo el sol y un palacio de vidrio.

 

¡Judas!

 

Mientras tus labios sellaban el pacto,

 tu mano ya afilaba el acero

para hundir el puñal en el descuido.

​Traicionaste nuestro fuego por ceniza material,

 vendiéndote al mejor postor del ego.

 

 Usaste al Ser Divino como un escudo falso,

 jurando una fidelidad que ya estaba rota.

​Pero hoy, que tu deslealtad es mi mapa de salida,

no guardo rencor, solo distancia.

 

He recogido cada fragmento de mi centro,

soldando las grietas con hilos de dignidad.

No vuelvas; no reconocerías el terreno.

 Aquí habita una mujer que ha dicho basta

 y ha decidido, por fin, ser su propia oportunidad.

 

 

Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

@copyright.

Imagen de Google.

LA ARQUITECTURA DEL VUELO.

 





​Dicen que el amor es el motor del mundo, pero a veces olvidamos que su mayor milagro no es el movimiento, sino la quietud que nos regala. Es esa fuerza invisible que no necesita gritar para ser escuchada, ni golpear para vencer. Es, en esencia, la arquitectura que sostiene el techo de nuestra propia cabaña interior cuando afuera el tiempo insiste en su erosión.

​A diferencia del fuego que todo lo consume, este sentimiento es como el sol de invierno: calienta sin quemar, iluminando los rincones donde antes guardábamos el metal oxidado de viejos rencores. Los poetas de antaño no mentían al llamarlo oro, pues tiene la extraña virtud de convertir el plomo de los días difíciles en una moneda que sí tiene valor, una que no es falsa porque se acuña con la verdad del perdón y el descanso.

​Amar es, al final, el acto de valentía más silencioso que existe. Es decidir que el camino hacia adelante es más ancho que la huella del pasado, y que el corazón, lejos de ser un campo de batalla, es el jardín donde finalmente hemos decidido sentarnos a contemplar cómo gira la vida, impulsada por ese motor dulce que todo lo mueve, y que todo lo cura.

 

 

 

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

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Fotografo Nathan Klok.

Minnesota.

DESIDERATA

 




 

​Inquieta penumbra que arrulla el silencio,

bajo el manto de un cielo estrellado, sonríes,

 y el amor en su delirio, anhela un beso

 tras el frío del cristal.

 

​¡Oh, quién fuera destello para alcanzarte!

o galerna que te empuje hasta mi puerto,

 beber en cada intento tu cálido aliento...

pues ni el vendaval podrá marchitar este afecto.

 

​Noche, luna y calma: ¡latido puro!

Hoy en la umbría de la ribera brotan nardos,

 y en mi pecho, la gracia de este bienaventurado amor,

mientras el ocaso trina a dúo con el gorrión.

 

​Se vuelve líquida la noche al ver que la luna

 duerme y se mece, plácida, en su cuna de nubes,

queda en mi boca un resabio amargo:

¡la envidia de aquel que tus labios toque!

 

 

Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

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Imagen de Google.

EL ORO DEL TIEMPO.




La luz del crepúsculo se filtraba por los tablones de la cabaña, creando un juego de sombras largas sobre el suelo. Alfonso estaba apoyado contra el marco de la puerta, observando el horizonte. Su figura, delgada y alta, parecía ser el pilar que sostenía toda la calma de aquel lugar.

​Ella lo miraba en silencio, recorriendo con la vista la línea de sus hombros hasta llegar a su rostro. En ese instante, él se giró. Le dedicó esa sonrisa única, esa que ella guardaba en su memoria como el tesoro más valioso, y sus ojos —esos luceros cautivadores— se encontraron con los de ella.

​—¿En qué piensas? —preguntó él con una voz suave, que encajaba perfectamente con la quietud del bosque.

​Ella tardó un segundo en responder, atrapada en la intensidad de su mirada.

—En que eres real —susurró ella, dando un paso hacia él—. Pensaba en que esta es la felicidad, Alfonso. Durante mucho tiempo, no creí que fuera algo que pudiera alcanzar. Pensé que mi destino era ser como esa moneda falsa que pasa de mano en mano sin valor... pero aquí, contigo, me siento de ley.

​Alfonso acortó la distancia entre ambos. No hubo movimientos bruscos, solo la fluidez de quien se siente en casa. Le puso una mano en la mejilla, un gesto que ella todavía recibía con una mezcla de asombro y alivio.

​—Esa moneda ya no existe —dijo él, y su sonrisa se ensanchó, iluminando los rincones más oscuros de su memoria—. Aquí solo estamos nosotros. Y este cielo que miras todas las tardes es, por fin, solo tuyo.

​Ella cerró los ojos, dejándose envolver por su presencia. Ya no había "apetencia" ni ansias de huida. Alfonso era el punto final de su antigua historia y el título de la nueva.

​La noche se instalaba definitivamente sobre la cabaña, y el único sonido era el crujir rítmico de la leña en el fuego. Alfonso estaba sentado en su sillón favorito, con un libro abierto sobre el regazo y un cuaderno donde anotaba ideas con una caligrafía pausada. La luz de las llamas bailaba en sus rasgos, acentuando su silueta alta y delgada, dándole un aire de serenidad absoluta.

​Ella lo observaba desde la mesa, donde sus propios versos descansaban. Verlo allí, concentrado, era su mayor consuelo.

​—¿Has encontrado las palabras hoy, Alfonso? —preguntó ella suavemente.

​Él levantó la vista y le regaló esa sonrisa única, dejando el cuaderno a un lado. Su mirada cautivadora parecía leer no solo el papel, sino el alma de ella.

​—Las palabras siempre están —respondió él, extendiendo una mano hacia ella—. Pero solo aquí, junto a ti y frente a este fuego, tienen sentido. Antes escribía para escapar; ahora escribo porque he llegado.

​Ella se acercó y se sentó a sus pies, apoyando la cabeza en su rodilla. Sintió la mano del escritor acariciar su larga cabellera con la misma delicadeza con la que se pasa la página de un libro amado.

​—Yo pensaba que el cielo era inalcanzable —confesó ella, mirando las brasas—. Pero mi cielo es este cuarto, el olor a madera y el sonido de tu pluma sobre el papel.

​Alfonso cerró su libro, marcando la página, pero sin quitarle la vista de encima.

—Lo que hemos construido aquí es la historia más hermosa que jamás podré escribir —susurró él—. Una victoria que no necesita ser gritada para ser eterna.

​El frío del bosque golpeaba los cristales, pero dentro de la cabaña el aire olía a resina de pino y a la tinta fresca del cuaderno de Alfonso. El fuego se había reducido a un resplandor ámbar, el momento exacto en que las sombras se vuelven suaves y las verdades, más fáciles de decir.

​Alfonso cerró su cuaderno, su figura alta relajada contra el respaldo del sillón. Miró a ella, que sostenía su propio poema con manos que ya no temblaban.

​—Es tu turno —dijo él, y su mirada cautivadora era una invitación abierta, un espacio seguro donde no existía el juicio.

​Ella respiró hondo y leyó en voz alta los versos de "Apetencia". Al llegar al final, a ese verso que decía: "Muere el sol, y yo habito mi cielo", su voz se quebró apenas un hilo, pero no de tristeza, sino de asombro ante su propia paz.

​Alfonso permaneció en silencio un momento, procesando la belleza del hallazgo de ella. Luego, abrió su cuaderno por la última página escrita.

​—Yo también he encontrado algo hoy —susurró él, y su sonrisa única apareció, breve y cómplice—. Escucha:

​"Hay historias que se escriben con sangre y otras que se escriben con el peso del plomo. Pero la nuestra, la que habitamos en esta cabaña, se escribe con el blanco de los inviernos y el oro de tus ojos. No busco finales épicos ni dramas de otros tiempos; mi pluma solo aspira a ser el testigo de cómo respiras en calma al despertar. Porque la verdadera literatura no es el ruido del mundo, sino el silencio que comparto contigo, la única palabra que ha sido escrita con ley."

​Al terminar, Alfonso dejó el cuaderno sobre la mesa y buscó la mano de ella.

​—Tú escribes sobre alcanzar el cielo —dijo él mirándola fijamente—, y yo escribo sobre cómo ese cielo decidió bajar a la tierra y sentarse conmigo frente al fuego. No somos una moneda falsa, somos el oro que queda después de que el fuego se lleva todo lo que no servía.

​Ella apretó su mano, sintiendo la piel de Alfonso, la realidad de su cuerpo delgado y fuerte a la vez. En esa habitación, rodeados de libros y leños, la felicidad no era un sueño literario. Era el presente.

​La noche del aniversario no necesitaba grandes banquetes ni ruidos externos. El festejo estaba en los detalles: una cena sencilla puesta sobre la mesa de madera, el vino brillando en las copas como rubíes derretidos y, sobre todo, la consciencia compartida de que habían pasado trescientos sesenta y cinco días sin miedo.

​Alfonso se levantó, su figura alta proyectando una sombra protectora sobre la pared de troncos. Se acercó a ella y, con esa sonrisa única que parecía renovarse con cada estación, le tendió una pequeña caja de madera que él mismo había tallado.

​—Para tu pluma —dijo él, su mirada cautivadora más profunda que nunca—. Para que sigas escribiendo nuestra victoria.

​Ella abrió el regalo, pero sus ojos se desviaron hacia el cuaderno de Alfonso, donde las palabras que habían compartido antes seguían frescas. Se puso en pie y lo abrazó, hundiendo el rostro en su pecho, escuchando el latido rítmico de un corazón que solo sabía de paz.

​—Feliz aniversario, Alfonso —susurró ella—. Gracias por enseñarme que la felicidad no era un espejismo.

​Él la apartó apenas unos centímetros para mirarla, rodeando su cintura con sus manos largas de escritor.

—Gracias a ti por elegir este cielo —respondió él—. La moneda falsa se perdió en el camino, y lo que quedó es este oro puro que somos ahora.

​Afuera, la nieve comenzó a caer con una suavidad absoluta, cubriendo la cabaña y el pasado con un manto blanco y limpio. Dentro, el fuego chisporroteó por última vez antes de convertirse en brasas eternas. Ella apoyó la cabeza en el hombro de Alfonso, cerró los ojos y, por primera vez en su vida, no deseó estar en ningún otro lugar del mundo.

​El capítulo se cerró así: con el silencio de los que ya no tienen nada que demostrar, y el sonido de dos respiraciones que, por fin, rumbaban al unísono en la seguridad de su propio reino.



Continuación del Oro del Tiempo.

 

​El Eco de las Reinas.

 

​Sentada frente al ventanal de la cabaña, el mundo parecía haberse detenido. El bosque, con su quietud imperturbable, le ofrecía el espacio que Julián siempre le había negado: el espacio para simplemente ser. Pero en esa soledad no estaba vacía. Las paredes de madera parecían devolverle, como un eco suave, las voces de quienes la sostuvieron cuando ella misma no podía mantenerse en pie.

​Cerró los ojos y la voz de Olga apareció con una nitidez asombrosa. "Ánimo amiga, seguimos siendo las reinas". En su momento, esa frase había sido un salvavidas lanzado en medio de la tormenta; ahora, en la calma de su retiro, se transformaba en una verdad fundamental.

​Se dio cuenta de que su victoria no era solo suya. Cada vez que una de sus amigas le contaba una pena, cada vez que escuchaba la lucha de otra mujer por su dignidad, ella iba guardando esas vivencias como tesoros en un cofre invisible. La libertad que sentía en ese momento era el resultado de una fuerza colectiva. Entendió que el poeta no miente cuando dice que somos parte de todos los que hemos amado; ella era la suma de esos ánimos, de esas risas compartidas en las que, por un instante, el dolor de Julián dejaba de existir.

​Abrió los ojos y miró sus manos. Ya no temblaban. La "moneda falsa" de las promesas incumplidas se había quedado atrás, en el camino de tierra que conducía a la cabaña. Aquí, en este refugio, ella empezaba a traducir las almas de sus amigas en su propia fortaleza. Se sintió, por primera vez, no como una sobreviviente, sino como la arquitecta de su propia paz.

​Con el eco de las palabras de Olga aun vibrando en su pecho, se levantó y buscó aquel cuaderno de tapas gastadas que había viajado con ella, oculto, durante tanto tiempo. Lo puso sobre la mesa de madera rústica, justo donde la luz de la tarde caía de forma oblicua, iluminando las motas de polvo que bailaban en el aire como pequeñas chispas de oro.

​Sostuvo la pluma con una firmeza que la sorprendió. Ya no era la mano que buscaba excusas o que escribía mensajes de disculpa. Era la mano de una recolectora de verdades.

​Se quedó mirando la página en blanco, ese espacio de libertad creativa que tanto habíamos buscado. Recordó que no tenía que ser fiel a los hechos que la hirieron, sino a la fuerza que la salvó. Suspiró profundamente, dejando que el aire puro de la montaña llenara sus pulmones, y escribió la primera línea:

​"Había una vez una reina que aprendió a distinguir el oro del tiempo entre un puñado de monedas falsas..."

​Al ver las palabras plasmadas, sintió un clic interno. La historia de Julián ya no era su presente; ahora era simplemente material literario, una vivencia que su alma inquieta estaba transformando en algo hermoso. Escribió sobre la cabaña, pero también sobre todas las mujeres que, como ella, habían tenido que inventarse un refugio para volver a escucharse. El cuaderno dejó de ser un objeto para convertirse en un espejo de su nueva identidad.

 

​Del Cuaderno de la Cabaña

 

​"Escribo esto porque el silencio ya no me asusta; ahora me pertenece. Durante mucho tiempo, mi historia fue escrita por manos ajenas, por voces que me decían qué valía y qué no. Me entregaron una moneda falsa y me hicieron creer que era mi único tesoro, pero el tiempo —ese alquimista paciente— me ha enseñado a mirar mejor.

​Hoy entiendo que el Oro del Tiempo no es lo que acumulamos, sino lo que logramos salvar del incendio. He salvado mi nombre, mi paz y esta cabaña que ahora es mi castillo. Julián no es más que un nombre que se desvanece en el papel, una sombra que ya no proyecta frío sobre mis días. Mi verdadera historia no es la de una herida, sino la de una reconstrucción.

​Recojo en estas páginas no solo mi voz, sino los ecos de mis amigas. Escribo por la que aún no se atreve a salir, por la que cree que su corona se ha roto para siempre. Les digo desde aquí, desde este rincón de madera y luz: 'Ánimo, seguimos siendo las reinas'. No porque el mundo nos lo conceda, sino porque nosotras hemos decidido que nuestra dignidad no está en venta.

​Este refugio no es solo de madera; está hecho de palabras, de libertad creativa y de la certeza de que, aunque el poeta a veces invente mundos, el sentimiento de ser libre es la única verdad que importa."

 

El Encuentro en el Umbral.

 

​Ella soltó la pluma, dejando que la última gota de tinta se secara sobre el papel. Al levantar la vista del cuaderno, algo se movió en el sendero que serpenteaba entre los árboles. El sol de la tarde, ya más bajo y dorado, bañaba el camino, y fue entonces cuando lo vio.

​Alfonso se dirigía hacia la cabaña. No venía con prisa, ni con la sombra de una exigencia. Caminaba con esa parsimonia tranquila que siempre lo había distinguido, como quien sabe que el tiempo es un aliado y no un enemigo. Al divisarla a través del ventanal, su rostro se iluminó con una sonrisa genuina, una de esas sonrisas que no piden nada a cambio, sino que simplemente celebran la existencia del otro.

​Ella no sintió el sobresalto de la ansiedad que solía acompañar sus encuentros del pasado. Al contrario, sintió una calidez serena. Ver a Alfonso sonreír mientras se acercaba era la confirmación de que la libertad creativa de su vida estaba dando frutos: había dejado de escribir una tragedia para empezar a vivir un poema.

​Se puso en pie y caminó hacia la puerta. Ya no era la mujer que se escondía, sino la reina que salía a recibir a quien sabía valorar su reino. Alfonso se detuvo a pocos metros, respetando el espacio de la cabaña, y su mirada le dijo todo lo que las palabras aún no alcanzaban a expresar. La realidad, por fin, era tan hermosa como lo que ella acababa de escribir.

 

Capítulo: El Invitado del Reino.

 

​Alfonso no era un extraño en el sentido estricto, aunque era la primera vez que habitaba el silencio de su cabaña. Mientras él terminaba de subir la cuesta, ella recordó lo que Olga le había contado: cómo Alfonso se había quedado prendado de aquella fotografía en Valencia. En la imagen, ellas dos caminaban por las calles bañadas por el sol mediterráneo, riendo, sin saber que alguien, al otro lado de una pantalla o un papel, estaba viendo en ellas la definición misma de la vida.

 

​La Luz de Valencia en la Montaña.

 

​El fuego chisporroteaba en la chimenea, creando sombras cálidas que bailaban sobre las paredes de madera. Alfonso se sentó frente a ella, sosteniendo una taza caliente entre las manos, pero su mirada no estaba en el fuego, sino en el rostro de la mujer que tenía delante.

​—Sabes —dijo él con voz suave, rompiendo el silencio de forma natural—, a veces cierro los ojos y vuelvo a ver esa fotografía que me enseñó Olga.

​Ella sonrió de lado, un poco tímida pero curiosa.

—¿La de Valencia? Éramos solo dos amigas paseando, intentando olvidar el mundo por un rato.

​—Para ti era eso —replicó Alfonso, dejando la taza sobre la mesa, cerca del cuaderno de ella—. Para mí, fue un descubrimiento. En esa foto, caminando por el Carmen, no vi a alguien que huía de nada. Vi a una mujer que llevaba su propio sol por dentro. Olga me dijo: "Mira, ella es una reina", y no se refería a un título, sino a esa forma tuya de pisar la tierra, como si cada paso fuera una declaración de libertad.

​Ella bajó la mirada hacia su cuaderno y luego volvió a Alfonso. Entendió en ese momento que él no estaba allí por casualidad, ni por rescatarla de Julián. Alfonso estaba allí porque se había enamorado de su capacidad de ser feliz, de la versión de ella que Olga siempre había defendido.

​—Ese día en Valencia —confesó ella—, sentí por primera vez en años que podía respirar sin permiso. Me alegra que fuera esa versión de mí la que te trajera hasta aquí.

​Alfonso estiró la mano y, con un respeto casi sagrado, rozó apenas la punta de sus dedos.

—No vengo a interrumpir esa libertad. Solo vengo a ver si hay sitio en este reino para alguien que sepa apreciar el oro de tu tiempo.

​La Imagen Guardada.

​Alfonso dejó su taza y buscó en el bolsillo interior de su chaqueta. Con un cuidado infinito, extrajo un sobre pequeño de papel kraft. De su interior sacó una copia física de la fotografía, un poco desgastada en las esquinas por haber sido consultada muchas veces.

​—La he llevado conmigo desde que Olga me la dio —dijo él, extendiéndola sobre la mesa de madera.

​Ella se inclinó para mirarla. Ahí estaban: Valencia al fondo, la luz dorada del Mediterráneo bañando las fachadas antiguas y, en el centro, ella misma. Se vio caminando junto a Olga, riendo de algo que ya no recordaba, con el cabello alborotado por la brisa marina. Lo que más le impactó no fue su belleza, sino la expresión de sus ojos: eran los ojos de alguien que, aunque fuera por una tarde, se sentía dueña del mundo.

​—Ese día —susurró ella, acariciando la imagen con la yema del dedo—, Olga no dejaba de decirme: "Ánimo amiga, seguimos siendo las reinas". Yo pensaba que lo decía para consolarme, para ayudarme a olvidar la sombra de Julián que me esperaba al volver a casa.

​Alfonso negó con la cabeza suavemente.

—Olga no lo decía para consolarte. Lo decía porque era la verdad. Lo que yo vi en esta foto no fue a una mujer herida, sino a la mujer que escribió ese cuaderno que tienes ahí. Vi la fuerza que necesitabas para construir esta cabaña mucho antes de que pusieras la primera piedra.

​Ella levantó la vista de la foto y lo miró a él. En ese momento, la cabaña en la montaña y las calles de Valencia se unieron. Alfonso no era un extraño que llegaba a su vida; era alguien que había estado esperando a que ella terminara de reclamar su propio reino para poder caminar a su lado.

​—Gracias por guardarla —dijo ella, sintiendo que un nudo antiguo se deshacía definitivamente en su garganta—. Y gracias por ver a la reina antes de que yo misma pudiera encontrar mi corona.

 

El Silencio Compartido.

 

​El fuego en la chimenea comenzó a ceder, dejando paso a un resplandor rojizo que envolvía la estancia en una penumbra acogedora. Sobre la mesa quedaron la fotografía de Valencia y el cuaderno abierto, dos versiones de la misma mujer unidas por el tiempo.

​Ella tomó la mano de Alfonso, sintiendo la calidez de su piel y la seguridad de su presencia. No necesitaban más palabras; el peso de la fotografía y la profundidad de lo escrito en el cuaderno ya lo habían dicho todo. Alfonso no intentó romper el momento con promesas vacías; simplemente apretó su mano con suavidad, confirmando que su Mundo de Paz ahora tenía un guardián más.

​—Es hora de descansar —susurró ella, sintiendo una ligereza que no conocía.

​Se levantaron juntos, dejando atrás las sombras de lo que fue. Mientras la noche de la montaña envolvía la cabaña con su manto de estrellas, ella supo que, al cerrar los ojos, no despertaría en una pesadilla del pasado, sino en la realidad que ella misma había elegido. En el umbral del sueño, la frase de Olga volvió una vez más, pero esta vez con un matiz nuevo. Ya no era un grito de resistencia, sino un hecho absoluto: la reina finalmente estaba en su trono, y la paz era su corona más brillante.

 

 

 

Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

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Continuará...





UN CANTO MEXICANO EN EL ALMA.

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