miércoles, 1 de diciembre de 2021

AUREOLA DE ROCÍO


 



¿A dónde irán las aves que se alejan del nido?,

dejan tibio el hogar y polluelos tiritando de frío

empapando de lágrimas su suave plumerío,

¿quién por otros cielos su amor habrá acogido?

 

¿A dónde van los sueños cuando han fenecido

acaso están guindando aún de la ilusión,

qué corazón sensible no siente el aguijón

de ver llorar la tarde al ver que el sol se ha ido?

 

¿A dónde, a dónde irá el amor que se aleja de pronto?,

truncando los anhelos de quien le ama con pasión,

como novela de ficción o parte de un gran guion

escrito con amor por un tonto corazón.

 

¿Acaso en mis manos he retenido el agua del río,

el vahó del invierno que como viene se va?

tal como la humareda que sobre el cerúleo se eleva,

así mismo es el amor, es aureola de rocío.

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

Imagen tomada de Google.

 

Entre Escarlatas Corolas


 






Entre el verdinegro y escarlatas corolas

los sentimientos comienzan a florecer

disfrutando del campo a todo placer,

ahí tú mi alma con amor crisolas.

 

Me regocijo en todos tus encantos

de tu carisma y tu dulce corazón

hacendado de mi mundo de toda mi pasión

dueño de mi espíritu y de mis mudos llantos.

 

Cuidadoso fiel entregado soñador

mi alma empoderada

de melódica risa rimada

el beso de tu boca devora.

 

Es el amanecer de nuestras amapolas

el que nos conduce al vergel,

donde bebemos cada día el aguamiel

y entre mimos, caricias navegamos sobre verdes olas.


Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

Imagen tomada de Google.

Noches de Sueños y Entrega.

 


 

Fue una noche de placer y encantos

cuando en tus brazos soñé dichosa

realidades de mutua entrega amorosa

ofrenda que con ilusión amamantamos.

 

El murmullo del silencio abrazaba

al presuroso viento que paseaba errante

disfrutando igual de nuestro instante

bajo la luna llena que fiel titilaba.

 

Fue cuando unimos nuestra fiel esencia

fusionando nuestros ávidos cuerpos,

fueron muchos tibios amaneceres

exquisitas y dulzonas mieles, ¡que suculencia!

 

Noche de nuestros quereres rojos

auroras de albos y mágicos ensueños

edén del que aún somos dueños

donde cumplimos nuestros antojos.

ÓSCAR EL MAGO DE LA NAVIDAD.


 


 

Esa nevada tarde invernal la pequeña Enora de seis años de edad e hija única esperaba ansiosa la llegada de su amado padre. Sería noche buena, se sentía la niña más feliz del universo. El único regalo que había pedido a Papá Noel era que su padre pasara la navidad con ella y con su madre, pues a pesar de su corta edad sabía que su familia era lo más preciado que ella poseía. En pocas horas abrazaría a su padre nuevamente, pensaba ilusionada. El tiempo le parecía eterno, por más que se asomaba por la ventana no lograba divisar el coche de su querido progenitor, en su pequeño y trigueño rostro ya empezaba a asomar un dejo de tristeza y las lágrimas a punto de brotar de sus dulces y negros ojos por la desesperación, no imaginaba una navidad sin su padre.

La cocina desprendía deliciosos aromas desde temprana hora, su madre Zenda ya tenía el lomo de cerdo en el horno, también había preparado con anterioridad el pastel de frutos secos que tanto le gustaba, así como la crema de espárragos, además de unos deliciosos tamales. Zenda por su parte estaba entusiasmada por la llegada de Calisto quien trabajaba en el Estado de Texas, a dos horas del lugar de donde vivían, hacía casi un mes no lo veían, pero se comunicaban a diario con él.

De pronto sonó el teléfono y Zenda se apuró a responder.

-¿Diga?-

Su semblante cambió de inmediato.

-¿Pero, ¡no puede ser!, porque no me lo habían comunicado antes?

 Fue lo que respondió antes de colgar el aparato, desconsolada se dirigió de nuevo a la cocina pensando de qué manera le daría la noticia a Enora quien feliz esperaba el regreso del padre, aunque Zenda sabía de antemano que no volvería a ver nunca más a su marido.

Israel a esa hora se encontraba internado desde el día anterior en un hospital público debido a un dolor de garganta que persistía desde hacía una semana. Al acudir al doctor, este le había sugerido unos estudios y fue de esa manera que se le diagnosticó covid- 19, consciente de que se trataba de un mortal virus decidió callar, al fin y al cabo, no dejarían acercarse a su amada esposa, por su parte ella había escuchado de casos en donde los infectados con ese malévolo virus ya no eran entregados a sus familiares, 

Por su parte Enora, desesperada al no tener noticias del padre ya que la madre había estado llamando al celular sin obtener respuesta alguna.

Zenda tomó la decisión de callar y no decirle nada a la niña, al día siguiente partiría al Estado de Texas, así por lo menos estaría al pendiente de la salud de su marido.

Por su lado la niña, desesperada de la tan anhelante espera se refugió en la pequeña biblioteca de su padre, aparte de que le gustaba disfrutar de la lectura, era el lugar preferido de él cuando venía de vacaciones.

Afuera las coloridas luces de la ciudad y el bullicio de las gentes que iban y venían haciendo las compras de última hora se dejaba escuchar.  De pronto, algo llamó la atención de la pequeña, en la esquina del librero se encontraba una antigua lámpara color jade, acercó un banco de madera y trepó para poder tomarla. Al bajar con lámpara en mano la colocó en una pequeña y anticuada mesa que decoraba el lugar, acomodó de nuevo el banco y volvió a tomar la lámpara entre sus manos, nunca la había visto antes a pesar de que entraba seguido.

De pronto le pareció escuchar una ronca voz cerca de ella.

--¡No sufras niña, tu padre viene en camino! --

 Se paró de prisa creyendo que era la voz de su padre y poniendo nuevamente la lámpara en la mesa, se asomó por la ventana, tal vez alguien que pasó, pensó.

Abrazada a la antigua lámpara quien le recordaba mucho el cuento de Aladino y la Lámpara Maravillosa, que le gustaba tanto. Desconsolada, abrazada a la lámpara se quedó dormida por algunos minutos hasta que nuevamente escuchó la misma voz enronquecida que la llamaba por su nombre.

 

--Enora, Enora—

Ella se despertó atemorizada pues esa no era la voz de su padre, se enderezó del pequeño diván, tallándose los ojos, buscando al portador de esa afónica voz.

--¿Crees en la magia?

La niña se hizo el cabello a un lado y nuevamente tallándose los ojos aturdida respondió impávida:

--¿Quién eres y porque no te dejas ver?

¡Ah! -- Soy el mago alquimista Óscar, y puedo hacer magia—

La inocente niña se echó a reír, para después preguntarle con gran emoción.

--¿Si te pidiera un deseo tú me lo podrías cumplir? --

--¡Pero, por supuesto, para eso estoy aquí! Respondió el mágico agorero.

--Yo ayudo a los niños buenos como tú— Siguió tratando de convencer a la pequeña.

---Bueno, creeré en ti, te pediré un deseo--- Seducida por las palabras del mago Óscar.

--¡Sí! --, --pero antes tienes que liberarme y debes frotar la lámpara doce veces, entonces yo cumpliré tu deseo--

Ni tarda ni perezosa comenzó a frotar la lámpara siguiendo las instrucciones de Óscar.

De pronto un estruendoso ruido se dejó escuchar en el lugar que la hizo estremecer, a la vez que inundó la biblioteca de una especie de humo.

 

Y un hombre corpulento, muy alto estaba frente a ella, la niña espantada sin poder moverse de miedo, se tapó su carita con las dos manos.

--No temas, eres una niña buena y muy obediente con tus padres, de alma blanca y pura, y solamente a los niños como tú les cumplo deseos--

--Pide lo que quieras que yo te lo cumpliré--, le dijo el mago.

Cerrando sus ojos la niña comenzó a gritar,

¡quiero a mi papá, quiero a mi papa!

Al abrir los ojos, el mago había desaparecido.

 

Salió corriendo de la biblioteca hacia donde se encontraba su madre, gritando eufórica.

¡Mamá, mamá, ya está por llegar mi padre!

Zenda la abrazó fuertemente apesadumbrada, no sabía cómo darle la noticia a la niña.

Faltaban un par de horas para que empezara a sonar la primera campanada anunciando las doce de la noche.

Te has quedado dormida hija, que bello sueño has tenido, pero, ven siéntate junto a mí que quiero contarte algo.

De pronto, escucharon un ruido en la puerta principal, y cuál sería su sorpresa, Calisto estaba frente a ellas, cargando unos regalos, Zenda no podía creer lo que estaba viendo, pero, en el hospital le habían dicho que tenía covid 19.

En tanto la niña no cabía de tanta felicidad y gritaba.

--¡Sabía que no me fallarías papito!--

--¡El mago cumplió lo prometido! --

--¿Mago!--  Preguntó Israel, si, el mago Óscar papá!—

--Cansada de esperarte se quedó dormida en la biblioteca y soñó que un mago te traería a casa esta noche buena—Musitó Zenda.

Ambos se echaron a reír por las ocurrencias de la niña, y abrazados se dirigieron al salón había muchas cosas que aclarar, cosas que Enora no debía escuchar.

--Hija, ¿porque no nos ayudas a bajar los demás paquetes del coche?--, -- en tanto tu madre y yo hablamos un poco—

 Dándole un beso en la mejilla se alejaron de la pequeña quien tarareando y dando de saltos feliz y dichosa no dejaba de cantar.

 

¡A los niños bondadosos

y muy obedientes,

si son atentos y pacientes

¡Óscar los hace dichosos!

 

Esa noche buena fue inolvidable, un milagro del cielo había logrado reunir una vez más a la familia y así juntos pudieron festejar el nacimiento de nuestro amado redentor.


 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

Derechos reservados.

Imagen tomada de Google.

 

martes, 9 de noviembre de 2021

Título: ALMAS GEMELAS. (Dueto)

 

 

(J.V.R)

Vivo y he vivido tu afable sentir,

tu inmenso amor bello y deseado

totalmente me hace recibir

lo que en la vida siempre he esperado.

 

(MGCZ)

Te siento en mi sensible corazón bullir

totalmente fusionado vas ya en mi alma,

has traído a mi despoblada vida dicha y calma

¡gracias amor por entregarme tu noble sentir!

 

(JVR)

Bendito momento en que viniste a mí,

eres mi delicioso sueño anhelado, hoy alcanzado,

me haces enteramente dichoso, ¡Feliz soy a tu lado!

desde aquel lejano día en que te conocí.

 

(MGCZ)

Ambos profundos sentires nos hemos entregado

corazón, alma y sentimiento,

este impoluto amor cada día va en aumento

es nuestro invaluable tesoro, sagrado.

 

(JVR)

Hermosa de mi corazón admirable

mi apoyo en mi exquisito día

eres mujer, dulce incomparable

motivo de mi gran alegría.

 

(MGCZ)

Nuestro destino de placer va bordado,

al tenernos cariño, todo tenemos

tú y yo al amor nos debemos

almas gemelas que al fin se han encontrado.



MONOLOGO

 







Título: ¿No sé el por qué me lamento ahora?

Pienso que si hubiera terminado mi carrera de leyes ahora estuviera viviendo en la capital. Pero, bueno, no tengo de que quejarme, como está la situación en mi País esa carrera no me hubiera gratificado como lo hace la literatura, muchas satisfacciones he recibido.

  Además, he conocido grandes amigas que, aunque a distancia siempre están conmigo aconsejándome, guiándome o consolándome si es el caso.

He podido disfrutar de la lectura de grandes autores, de ellos he aprendido mucho, y si no fuera porque elegí dedicarme por completo a las letras, no hubiera escrito ningún libro, sí, creo que estoy cometiendo un pecado al quejarme de mi situación, cuando en realidad soy tan feliz con lo que hago.

¿Cuál sería la diferencia de vivir aquí o en otro lugar?

--No, ninguna, porque haría lo mismo—

Hago lo que me gusta y eso es lo importante, qué más da si litigo o escribo, lo importante es que me siento muy orgullosa con lo que emprendo ahora.


Imagen tomada de la red.

DIVAGANDO

 




La tarde y el viento se enredan en mi cabello

siento tus manos acariciarme suavemente

bajo el argente sol que ilumina complaciente

al mar, al campo la gran ciudad y todo aquello.

 

Mi alma se devela misteriosa y confundida

avizorando la vida que como testigo

muestra el futuro vacilante e incierto contigo

a reflexionar constantemente me convida.

 

Divagando encima del inminente confín

perdiéndome en mi pazguato noble sentimiento

tras la mirada de gavinote saltarín.

 

Lanzando al piélago todo lo que dentro siento

ve lanzar con gracia la careta arlequín

y de nuevo una bella historia de amor me invento.


Imagen: Tomada de Google.

UN VIEJO AMOR.




Hoy en mi mente galopan remembranzas

de un pasado de floridas primaveras

fueron dichas coloquiales placenteras

ahora fluyen de amor las añoranzas.

 

Cuando en las canchas de frontón me besaste

por primera vez de mí enamorado,

testigo de nuestro amor fue el verde prado

y un dulce beso de mis labios robaste.

 

Apretaba los cuadernos sobre el pecho

y mis ojos fijamente te miraban

gritaban a tu alma, ¡cuánto la amaban!

te quise, te quiero te amo lo sospecho.

 

Porque en mis noches de estío tu memoria

vuelve y sé acurruca de nuevo conmigo

brindándome abrigo y el cielo es testigo

de un gran amor escrito para la historia.

 


LA CAMISA AZUL

 



 

 

LA CAMISA AZUL

 

 

(​En homenaje a Edgar Allan Poe)

 

​Este relato, que camina por las sombras del horror psicológico y la tragedia humana, nació como un tributo a la atmósfera opresiva de Edgar Allan Poe. A través de la lente de lo macabro, busqué retratar la fragilidad de la esperanza frente a la brutalidad de la locura. Me es grato compartir que esta narrativa fue distinguida con una Mención Honorífica, un reconocimiento que atesoro y que hoy forma parte esencial de este compendio.

​Aurelia, nacida en la humildad y atada por el destino, cumplía seis años de una condena llamada matrimonio. Jeicob, ciudadano del norte, era su carcelero; un hombre cuya pereza solo era superada por su despotismo. Mientras ella soñaba con el horizonte de Texas, él prefería el estancamiento de la desidia, empeñando los escasos restos de su patrimonio para alimentar su ocio.

​Aquella tarde, el aire pesaba. Aurelia mecía a su pequeña María en el columpio que pendía de un árbol milenario y nudoso, un testigo mudo en el patio. El vientre de Aurelia, cargado de vida, era un refugio de esperanza: la cigüeña prometía un nuevo compañero de juegos para María. Pero la paz en el universo de Poe es siempre el preludio del trueno.

​—¡Deja de holgazanear! ¿Dónde está mi camisa azul?—

​El grito de Jeicob rasgó el silencio como un vidrio roto. Era un hombre desaforado, poseído por una urgencia violenta. Aurelia, con el corazón galopando contra sus costillas, bajó a la niña del columpio y respondió con un hilo de voz:

​—Tienes otras camisas listas, Jeicob—

​No hubo más palabras. Como una bestia hambrienta, él se abalanzó. El impacto de la bofetada no solo hirió su rostro, sino el alma de la casa.

 —¡Obedece!—, rugió él, antes de desaparecer tras un portazo que retumbó en los cimientos.

​Bajo el pánico que nublaba su vista, Aurelia buscó el jabón. Necesitaba limpiar esa prenda, símbolo de la obsesión de su marido. Pero el destino es irónico: el cuenco estaba vacío. No había jabón. No había salida.

​El estrépito de los pasos anunció el regreso del energúmeno. Sus ojos, antes humanos, eran ahora dos pozos inyectados en sangre, destilando una locura líquida.

​—¡Inútil! ¡Basura! ¡Ahora sabrás de lo que soy capaz!—

​Aurelia vio la sombra de Jeicob recortarse contra el cuarto de herramientas. El instinto, ese viejo aliado de los desesperados, la obligó a correr. Tomó a María y se ocultó tras el grueso tronco del árbol, cuya corteza parecía estremecerse.

​—¡Corre, hija! ¡No te sueltes!—,

 sollozaba, mientras veía a Jeicob emerger no con una camisa, sino con un machete cuyo acero reflejaba la luz moribunda del sol.

​—¡Detente! ¡Ten piedad de la inocencia!— suplicó ella, cubriendo los ojos de la niña para evitarle la visión del abismo.

​Pero el demonio ya había reclamado el cuerpo de Jeicob. De un tirón brutal, separó a la madre de la hija. El acero descendió, implacable, segando la vida de Aurelia en un instante de horror absoluto. Lo que siguió fue una sinfonía de locura: las carcajadas del demente se mezclaban con el eco de la carnicería. En su delirio oscuro, al descubrir que el vientre albergaba no una, sino dos vidas latentes, la bestia sucumbió al canibalismo más atroz, devorando sus propias promesas de futuro en un banquete de vísceras y sombras.

​Cuando el silencio regresó al patio, el monstruo huyó.

​Las autoridades, alertadas por un testigo errante, hallaron una escena que habría hecho palidecer al mismo Muerte. Entre los restos de lo que fue un hogar, encontraron a la pequeña María, oculta en una caja, con los ojos fijos en la nada, guardando el secreto del salvajismo que sus pupilas nunca olvidarían.

​De Jeicob, la bestia, no quedó rastro. Se dice que el norte, con sus leyes y fronteras, le brindó el anonimato, dejando que el crimen quedara impune bajo el peso de una camisa azul que nunca fue lavada.




Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.

@copyright.

01/02/2025


Título: POETAS PENSADORES UNIDOS

 


 

 

Poetas pensadores unidos

en fraternidad cantan al amor y a la vida,

llevan su gran antorcha encendida

con la cultura están comprometidos.

 

 Van por sus fieles lectores seguidos,

quienes disfrutan de la buena lectura,

leyendo gustosos con premura

sienten en el alma del verso los latidos.

 

Manejan la escritura con destreza y arte

ya sea octavas liras, trovas o las bellas prosas

así mismo manejan las rimadas glosas

que sentimientos llevan de estandarte.

 

Son poetas del mundo que unidos

en un bello reflexivo soneto encadenado

luchan por dejar al hombre del mañana su legado,

para luego partir de este mundo agradecidos.

 

Imagen tomada de Google.




DULCE CANTO

 


 

En soledad amena el astro asoma

como mi alma errante que ha despertado,

al tiempo que la ilusión ha volado

elevando sus alas como ágil paloma.


Surcando el ancho firmamento sueña

con encontrar el amor verdadero,

 sentimiento más grande que el primero

y la alegría de nuevo del corazón se adueña.

 

Y un inmenso mundo de felicidad diseña

volviendo a dedicar dulce oda a la vida

de la risueña esperanza asida

la falacia despiadada desdeña.

 

Sangrando de dolor ante el sarcasmo

Siente que ha sanado la herida

Jamás se ha dado por sentirse vencida

vuelve a lanzar el canto con entusiasmo.


Imagen tomada de Google. 

 

 

DIÁLOGO DE PLUMAS

  Acepto, pues, la propuesta, que el camino se hace ameno si el verso nos trae el pleno de una abierta y franca fiesta. La palab...