Buscas la luz en un hogar que no encendiste, recorres
pasillos con pasos de seda y ambición,
sin ver que en cada peldaño que subiste, vas dejando el
rastro de una cruel mutilación.
No te importa el eco de las risas infantiles, ni el
juramento que otro tiempo sostuvo el techo;
tus manos, expertas en artes sutiles,
solo saben cobrar lo que no tiene derecho.
Crees que ganas un reino, una joya, un trofeo, compras con
besos lo que se paga con llanto, pero es espejismo y es ruin tu deseo, pues no
hay paz que florezca bajo tu manto.
Te llevas el oro, la fachada y el nombre, pero el peso del
daño te marca la frente, porque aquel que por ti traiciona a su hombre, te
entregará un alma que siempre te miente.
Al final, cuando el brillo de la plata se oxide, verás que
habitas una casa de frío y de sal; el mundo da vueltas, la vida decide, que
quien siembra ceniza, no cosecha un rosal.
Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.
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